Mantenemos nuestro curso

Espero que ames la gente con la que trabajas tanto como yo. A veces desearía que ustedes fueran una mosca en la pared aquí en nuestras oficinas y se enteraran de lo que dice la gente que dedica sus vidas para servirles a ustedes y hacer de nuestra compañía un lugar asombroso donde podemos lograr excelencia.

Cada día aprendemos algo nuevo unos de otros. De hecho, alguien aquí pasó un tiempo en la armada y el otro día dijo algo que me hizo sonreír. Nunca antes había oído esa expresión y así es que después de reírnos un rato buscamos su significado. La palabra que él usó fue “Doldrums” o “calma ecuatorial”. Aprendí que la vida en la armada era tan rutinaria que se acuñó este término para describir las horas, días y semanas de espera. Al parecer, esta expresión se ha usado por siglos en referencia a esos tiempos en altamar cuando las cosas no marchan como nos gustaría o tan rápido como queremos, o en la dirección que preferiríamos que fueran. Se les llamó “Doldrums”, según me dijeron, por el nombre de un área cercana al ecuador donde los vientos alisios no soplan y los barcos quedan estancados.

Cuando un barco iba en dirección sur hacia el ecuador, típicamente realizaba grandes avances navegando con los refrescantes y estimulantes vientos alisios. Era un tiempo emocionante para todos los que iban a bordo. Todavía contaban con mucha comida y agua fresca. El viento hacía que todos se sintieran animados, llenos de entusiasmo y con la esperanza de que la travesía sería un éxito. Pero al llegar a esta latitud y longitud, en cuestión de minutos, el viento moría y la embarcación abruptamente llegaba a un punto muerto.  

Gradualmente la temperatura empezaba a subir. El barco se mecía de acá para allá en un insoportable cabeceo. Ahí empezaba el desespero, la frustración y la duda a la que llamaban ‘calma ecuatorial’. La moral se desplomaba. Lo que había empezado como un viaje divertido y estimulante se convertía en una situación calurosa, agobiante y limitante. Esta condición podía durar días y aún semanas, y los que la sufrían esperaban que el alivio viniera de la divina providencia en forma de una brisa que los impulsaría poco a poco hacia los vientos alisios.  

Esta falta de progreso creaba un problema grande para los que estaban a cargo de la embarcación. La disciplina empezaba a decaer y los hombres comenzaban a pensar en sus hogares y en su vida lejos del mar. Para combatir esto, el Capitán tenía dos opciones.  


  1. Disciplina severa y hasta violenta imposición.
  2. Rutina y enfoque preciso en hacer bien las tareas pequeñas. 

Los capitanes más experimentados escogían la segunda opción y el personal de la embarcación era sometido a una estricta rutina. Se exigía que cada miembro de la tripulación estuviera “en vigilancia” doce horas diarias. Cada cubierta era restregada, cada vela y cabrestante eran reparados. Cada pieza móvil era lubricada y se mantenía en perfecto estado de funcionamiento. Los buenos capitanes incluso introdujeron un tiempo durante la semana al que se le llamaba “Make and Mend”, el cual era tiempo libre para que los tripulantes arreglaran cualesquiera roturas en sus uniformes. El Capitán sabía que aún la más pequeña rasgadura, si no se remendaba, se convertiría en un hueco grande y eventualmente el uniforme se echaría a perder.  

El propósito de esta rutina era mantener a los hombres enfocados y preparados para la llegada de los vientos, o incluso de algún enemigo, y no dejar que la falta de avance externo impidiera el progreso interno de la tripulación. 

A los hombres les parecía que se habían detenido en el agua, pero el Capitán del barco sabía que no era así. Él sabía que la rutina les estaba enseñando a ellos disciplina, fortaleza, unidad y hermandad. También sabía que, en lo más profundo, una fuerza invisible y silenciosa estaba moviendo el barco a través de la ‘calma ecuatorial’. Miren, no era la brisa la que llevaba el barco a través de esa zona muerta; era la corriente marítima que silenciosamente estaba empujando la embarcación hacia un lugar más placentero. 

¡Espero que ya se hayan dado cuenta de que esto es más que solo una lección de historia!  Cada uno de ustedes es el Capitán de su negocio y reconocerán algunas de las emociones que sintieron esos marineros. Todos ustedes han navegado con los vientos alisios cuando todo parecía ir viento en popa, sus presentaciones eran poderosas, sus resultados fructíferos y sus cajacréditos increíbles.

Estoy seguro de que también han navegado con la ‘calma ecuatorial’ en sus negocios, cuando parece que sus presentaciones son un poco apagadas, sus resultados infructíferos y sus cajacréditos dudosos.  

Como Capitán de tu negocio, ¿qué vas a hacer cuando el viento que impulse tu negocio muera temporalmente? Puedes dejar que se te desplome la moral y que tu progreso languidezca en la fuerte marea, o incluso saltes del barco y te des por vencido. O podrías ser como esos marineros y apoyarte en tu rutina y en la precisión de tu trabajo y volverte un experto en tu negocio. Deberías proponerte a ser lo que necesitas ser. ¿Estás aprendiendo, hablando con la gente, compartiendo los productos, patrocinado, y constantemente viendo el lado positivo? ¿Estás trabajando con perseverancia e inteligencia? Si la respuesta a cualquiera de estas preguntas es “no”, entonces puede que necesites volver a los elementos básicos. ¡Qué época perfecta del año es esta para reajustar las cosas!

Pero aún en los momentos más calmados y más pesados de tu negocio, todavía estás logrando avanzar. La corriente debajo de ti te está impulsando hacia un mejor lugar y, más importante aún, hacia tu transformación en mejor persona. 

Nunca olvides que siempre estamos avanzando en Forever. Algunas veces es más difícil medir tu progreso, pero siempre vamos hacia adelante.

Sigue navegando y sigue sonriendo,



Gregg Maughan